Guía de Velas: Mayor, Génova, Foque y otras velas
La Vela Mayor: El corazón del velero
Ubicada a popa del mástil, la Vela Mayor es la referencia principal. Curiosamente, su nombre no siempre se debe a que sea la más grande en superficie —especialmente hoy en día con el uso de grandes velas asimétricas—, sino a su importancia histórica y estructural en el aparejo.
El dilema de proa: ¿Foque o Génova?
La principal diferencia entre estas dos velas reside en su tamaño respecto al mástil:
- El Foque: Es una vela más pequeña cuyo puño de escota no sobrepasa el mástil hacia popa. Es ideal para vientos fuertes y ofrece un excelente ángulo de ceñida.
- El Génova: Es mucho más grande y solapa el mástil. Se utiliza principalmente con vientos medios y flojos para maximizar la potencia.
Tipos de Génova según el viento:
Los génovas se fabrican con diferentes gramajes (grosores de tejido). El objetivo es encontrar el equilibrio perfecto: que sea lo suficientemente ligero para hincharse con poco viento, pero resistente para no deformarse o romperse si el viento sube.
Se clasifican habitualmente por su porcentaje (donde el 100% es la distancia desde la proa hasta el mástil):
- Génova Ligero: Tejido muy fino y máximo tamaño (150% - 160%). Para ventolinas.
- Génova Pesado: De tamaño similar al ligero (150%) pero con un tejido más fuerte y plano para aguantar más presión.
- Génova II: Un tamaño intermedio (120% - 130%), más robusto.
- Génova III: Reducido al 110%, diseñado para vientos ya considerables.
La familia de los Foques:
- Foque I: Llega justo a la altura del palo. Es una vela plana y de gran gramaje, diseñada para minimizar la escora y ceñir con fuerza.
- Foque II: Una variante más pequeña, menos frecuente en cruceros modernos.
- Tormentín: La vela de seguridad por excelencia. Es muy pequeña, extremadamente resistente y suele ser de color naranja flúor para ser visible en condiciones de temporal.

Otras velas especializadas
Más allá de lo básico, existen velas diseñadas para condiciones o rumbos muy específicos:
- Trinqueta: Una vela de proa que se sitúa entre el estay de proa y el mástil. Muy útil para equilibrar el barco con mal tiempo.
- Yankee: Típica de barcos clásicos; es una vela alta en el estay de proa con el puño de escota muy elevado.
- Reacher: Un génova pensado para vientos portantes (vientos de costado) con el puño de escota alto para "abrir" la vela.
- Mayor de Capa: Una vela de popa muy pequeña y resistente, usada para capear temporales cuando la mayor normal es demasiado grande.
- Mesana: En barcos de dos palos (como los ketches), es la vela mayor del mástil situado más a popa.
Conocer tu aparejo es el primer paso para navegar con seguridad y velocidad.
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Evita el "Efecto Bandera": Nunca dejes que una vela flamee violentamente durante mucho tiempo (por ejemplo, al izar o arriar). El flameo rompe las fibras del tejido y debilita el appret (el acabado rígido de la vela), acortando su vida útil años en pocos minutos.
Inspección de los "Garruchos" y Patines: Si tu vela no es enrollable, revisa los garruchos de proa o los patines del mástil. Una gota de lubricante seco (teflón o silicona) hará que la vela suba y baje sin esfuerzo. Evita grasas que atraigan la arena, ya que actuarán como lija contra el mástil.
Ojo con los puntos de roce (Crucetas): El génova sufre mucho al pasar por las crucetas en cada virada. Pega parches de protección (insignia tape) en las zonas de contacto de la vela o coloca protectores de cuero o plástico en las puntas de las crucetas. Un roce constante puede perforar el tejido en una sola travesía.
Tensión de los "Sables" (Batten): Un sable demasiado apretado en su funda creará arrugas permanentes y forzará las costuras. El sable debe estar lo justo para eliminar las arrugas verticales de su funda, ni un milímetro más. Si vas a dejar la vela guardada mucho tiempo, es ideal destensarlos.
Secado antes del estibado: Nunca guardes una vela húmeda en su saco de forma prolongada. El moho y los hongos aparecen rápido, creando manchas negras imposibles de quitar. Si tienes que arriarla mojada, busca un momento de poco viento para izarla y dejar que se seque al aire antes de plegarla definitivamente.
El peligro de los Mordedores: Revisa que los mordedores del pajarín, el cunningham o los rizos no tengan bordes afilados. Con el tiempo, la presión constante en el mismo punto debilita el cabo y el puño de la vela. Gira los cabos de vez en cuando para que el punto de mordida no sea siempre el mismo.
Reparación de emergencia con cinta de teflón: Lleva siempre a bordo "cinta de vela" (insignia tape) de diferentes colores. Si detectas un pequeño desgarro, límpialo con alcohol para quitar la sal y pon un parche por ambos lados inmediatamente. Un agujero de 1 cm hoy será un roto de 1 metro en la próxima racha.
La importancia del "Plegado en acordeón": Si pliegas las velas siempre por el mismo sitio, crearás grietas en el tejido (especialmente en velas de regata o laminadas). Intenta variar ligeramente los dobleces cada vez y utiliza el plegado en "acordeón" o "flaking" para que el aire circule entre las capas.
Revisa los "Catavientos" pegajosos: A veces, los catavientos se quedan pegados a la vela por la humedad o el salitre, dando lecturas falsas. Si están viejos o deshilachados, cámbialos. Un truco es poner un pequeño parche de dacron autoadhesivo debajo de la lanita para que deslice mejor.
Cuidado con los rayos UV: El sol es el mayor enemigo de las velas (Dacron, Pentex o Carbono, da igual). Siempre que no navegues, asegúrate de que el génova está bien enrollado con su banda de protección solar y que la mayor está bajo su funda (Lazy Bag).
Endulzado anual (o tras un temporal): La sal cristalizada actúa como papel de lija. Si has navegado con mucha mar y las velas se han empapado de rociones, dales un manguerazo con agua dulce cuando llegues a puerto para disolver los cristales de sal entre las fibras.
Control de las costuras del "Balumero": El cabito fino que recorre la baluma (borde de salida) suele sufrir mucho. Revisa que las costuras que lo sujetan no estén deshilachadas. Si la baluma empieza a vibrar y no puedes tensar el balumero, la vela perderá su forma y se desgastará prematuramente por fatiga.
Evita los productos químicos agresivos: Para limpiar manchas, usa jabón neutro y agua tibia. Nunca uses lejía o detergentes industriales fuertes, ya que pueden degradar el adhesivo de las velas laminadas o quemar las fibras de poliéster. Para manchas de óxido difíciles, existen productos específicos que no dañan el tejido.
Rotación de las drizas para evitar la fatiga: El punto donde la driza roza con la polea del tope del mástil o el desviador sufre una presión constante cuando la vela está izada. Un truco de profesional es cortar unos 15-20 cm del extremo de la driza (el chicote) cada temporada. Al hacerlo, desplazas todos los puntos de roce y fatiga del cabo a una zona nueva, evitando que la driza se rompa repentinamente por desgaste localizado.
El "Test de la Uña" en las costuras: El hilo de las costuras suele degradarse por el sol mucho antes que el propio tejido de la vela. De vez en cuando, intenta rascar suavemente las costuras del gratil o la baluma con la uña. Si el hilo se deshace o salta con facilidad, es señal de que el hilo está "quemado" por los rayos UV. Es el momento de llevarla a la velería para un repasado general antes de que la vela se abra por la mitad en plena navegación.
El peligro de las "Bolsas de Aire" en el enrollador: Cuando enrolles el génova, asegúrate de que tiene un poco de tensión. Si queda "fofo" o flojo, se crean bolsas de aire y arrugas internas que permiten que el viento entre y haga vibrar la vela por dentro. Esta vibración interna (frotamiento) desgasta el tejido y la banda solar sin que te des cuenta. ¡Enrolla siempre con firmeza!
Marcado de la "Driza de Máximo": Para evitar estirar el tejido más de lo necesario (lo que deforma la vela para siempre), pon una marca de seguridad en la driza una vez que la vela esté bien izada. Si alguien sube la vela con un winch eléctrico y se pasa de tensión, podría arrancar el puño de driza o estirar las fibras de forma irreversible. La marca te indica el límite de seguridad.
Limpieza de los carriles del mástil: No solo la vela necesita cuidado; el carril por donde deslizan los patines acumula sal y suciedad. Una vez al año, sube una esponja atada a una driza y una retenida, empapada en agua dulce y jabón neutro, para limpiar el carril de arriba abajo. Termina con un spray de teflón seco para que la mayor baje "sola" en caso de emergencia.
Protección de los "Garruchos" con fundas de plástico: Si tu vela utiliza garruchos metálicos para sujetarse al estay, estos pueden rozar el tejido al estar plegados. Un truco profesional es colocar pequeñas fundas de plástico o tubo termorretráctil en el cuello del garrucho. Esto evita que el metal oxide la lona o que el roce constante debilite el gratil de la vela durante los meses de invierno.
Gestión de la condensación en el Lazy Bag: El Lazy Bag es fantástico para proteger del sol, pero puede atrapar humedad y calor, creando un "efecto invernadero" que pudre las costuras. Asegúrate de que tu funda tenga rejillas de ventilación en la parte inferior o, en días de mucho calor tras la lluvia, ábrelo un poco para que la vela respire y se evapore la condensación interna.
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