Travesía accidentada de Formentera a Moraira

Travesía accidentada de Formentera a Moraira: Una lección inolvidable en alta mar ⛵️🌊🌬🐬

​  Septiembre siempre ha sido, para mí, el mes ideal para poner rumbo a las Pitiusas. Buena temperatura, menos aglomeraciones, aguas perfectas para el baño y un ambiente mucho más relajado. Hace más de 20 años, esas dos semanas de septiembre eran sagradas; el refugio perfecto para desconectar del estrés y aislarse del mundo exterior.

  ​En aquella época navegaba en un RO 260. Mi exmujer y yo nos escapábamos a Formentera con una rutina envidiable: pasábamos el día en la cala que nos dictara el viento y, al caer la tarde, volvíamos a puerto para cenar por Ses Pujols o La Savina. Nuestras coordenadas de la felicidad solían ser Illetes, Cala Saona, la isla de Espalmador, Ses Salines o Cala Jondal en Ibiza.

  ​Todo era idílico, hasta que llegó el día del regreso.

​Rumbo a la península: delfines y un viento a favor

  ​Para la travesía de vuelta el parte meteorológico era favorable, así que soltamos amarras por la mañana, tranquilamente, con intención de poner proa a Altea. Una ruta que he realizado más de 30 veces a lo largo de mi vida, tanto en crucero como compitiendo en la mítica regata "Calpe - Formentera - Calpe".

​  Comenzamos a motor y con la mayor izada hasta que entabló un levante flojo pero constante. Las condiciones eran tan estables que decidimos navegar a "orejas de burro", atangonando el génova. Para evitar sustos con las roladas, aseguré la botavara con un cabo a modo de retenida.

  ​La navegación era un auténtico placer. Navegábamos empujados por ese levante suave mientras un grupo de delfines empezó a saltar y jugar por nuestra popa. Yo iba a la caña, de pie sobre el asiento de la bañera, llevando el stick y girado hacia atrás, completamente fascinado por el espectáculo de los delfines.

​Cuando el mar te cobra el exceso de confianza

  ​Fue en ese instante de distracción cuando ocurrió lo inesperado. Con los pequeños tirones de la navegación, el nudo que fijaba la retenida de la botavara se deshizo sin que yo me percatara.

  ​De repente, la botavara comenzó a cambiar de banda.

  ​No la vi venir hasta que la tenía prácticamente encima. Instintivamente giré un poco la cabeza, pero fue tarde: la botavara se estampó directamente contra mi cara, a la altura del ojo derecho.

  ​El impacto fue tremendo. Afortunadamente, no perdí el conocimiento ni caí al agua. Logré mantenerme en mi sitio, en gran parte gracias a que el viento no era demasiado fuerte. Mi exmujer se llevó un susto enorme al ver el golpe y cómo, en cuestión de minutos, mi ojo empezaba a hincharse y a teñirse de un morado intenso.

​Gestión de la crisis y cambio de planes

  ​Con un hematoma importante y el dolor en aumento, lo primero que hicimos fue aplicar hielo para controlar la inflamación. Pero el verdadero escalofrío llegó al analizar la situación en frío: ¿Qué hubiera pasado si el golpe me tira al agua? Navegando a vela, mi acompañante no tenía los conocimientos necesarios para maniobrar, dar la vuelta y recogerme.

  ​Tomamos dos decisiones inmediatas:

  1. Protocolo de seguridad: Como ya teníamos cobertura, contactamos por móvil con un amigo en tierra, comprometiéndonos a pasarle nuestra posición GPS cada hora por si yo perdía el conocimiento o la situación empeoraba.
  2. Cambio de rumbo: Descartamos Altea y pusimos rumbo directo a Moraira, un puerto que conozco a la perfección, para acortar tiempos y asegurar la llegada.

​  Tras unas horas de tensión, logramos amarrar en el Puerto de Moraira. Yo estaba agotado y solo quería meterme en el camarote a dormir, pero la insistencia de mi exmujer fue clave. Cogimos un taxi directos al Centro de Salud. Por suerte, todo quedó en un fuerte traumatismo y un gran susto, pero al verme en el espejo comprendí perfectamente el pánico que ella había sentido.

​Mis grandes fallos en esta travesía (y lo que puedes aprender de ellos)

  ​En el mar, de los errores se aprende para sobrevivir. Analizando aquel día, cometí varios fallos encadenados que comparto con vosotros para que no los repitáis:

  • Exceso de confianza: Bajar la guardia por estar en una ruta "muy conocida" y con un parte meteorológico apacible.
  • Mala ejecución de la maniobra: No realizar un nudo lo suficientemente firme y seguro para la retenida de la botavara.
  • Posición incorrecta: Navegar de pie sobre los asientos de la bañera, distraído y mirando hacia atrás.
  • El error más grave - Falta de formación a la tripulación: No haber enseñado a mi acompañante las nociones básicas para gobernar el barco, detenerlo o ejecutar una maniobra de "Hombre al Agua".

  ​El mar es maravilloso, pero siempre exige respeto. Aprende de tus errores, forma a tu tripulación y, sobre todo, nunca le des la espalda a la botavara.

  ¡¡Aprende a Navegar mientras Vives el Mar!! ⛵️ 🌊🌬🐬

Whatsapp al 📲 617 37 56 15

Comentarios

Entradas populares de este blog

PREFERENCIAS ENTRE VELEROS ⛵️⛵️

LENGUAJE DEL VIENTO: RACHAS ⛵️🌬🌬

GUÍA MAESTRA EN CEÑIDA SEGÚN INTENSIDAD DEL VIENTO ⛵️🌊🌬