LA INOCENCIA INFANTIL EN EL MAR ⛵️馃寠馃尙馃
La Inocencia al Tim贸n: Una An茅cdota Marinera en Moraira
Por Carlos Ant贸n / T茅cnico Deportivo Superior de Vela
Hay momentos en la ense帽anza que se quedan grabados, no por la complejidad de la maniobra explicada, sino por la pureza con la que los alumnos m谩s j贸venes reciben nuestras palabras. Esta historia nos lleva al verano de 2009, en las Escuelas de la Mar de Moraira (Alicante), un escenario perfecto donde el Mediterr谩neo ba帽a la costa bajo la atenta mirada del Castell.
Aquella semana, como tantas otras, recib铆amos grupos de alumnos con ganas de dominar el viento a bordo de nuestros robustos 'Raqueros'. Esta embarcaci贸n, con capacidad para seis alumnos y el monitor, es la 'escuela' perfecta: estable pero sensible, ideal para aprender los fundamentos antes de las regatas finales de los viernes.
En uno de estos grupos, la din谩mica era especial. Navegaba con nosotros un padre y su hija de ocho a帽os. Era una tarde de verano perfecta, con una brisa suave y el agua cristalina invitando al ba帽o. Mientras ajust谩bamos las velas, la ni帽a, con esa curiosidad infinita de la infancia, me lanz贸 la pregunta cl谩sica, casi obligada:
"¿Hay tiburones por aqu铆?"
Sonre铆 internamente y para tranquilizarla, y quiz谩s pecando de un exceso de creatividad pedag贸gica, le contest茅:
"No, tranquila, los tiburones est谩n en alta mar, muy lejos." Pero, para cerrar la explicaci贸n con un consejo 煤til "anti-miedo", a帽ad铆 con tono confidencial: "Pero escucha, si alg煤n d铆a est谩s nadando y ves uno, lo que tienes que hacer es sacar los pies y los brazos fuera del agua. As铆 no te ver谩."
La ni帽a asinti贸 solemnemente, asimilando el 'protocolo de seguridad'. Se qued贸 completamente tranquila, conforme con la respuesta de su instructor.
El Momento de la Verdad (y de la Risa)
Lleg贸 la ma帽ana siguiente. El d铆a era espl茅ndido, el sol brillaba y el calor apretaba. Hab铆amos acordado que ese d铆a la ni帽a ser铆a valiente y probar铆a la experiencia de ba帽arse en mar abierto, lejos de la playa, siempre bajo la supervisi贸n de su padre y m铆a.
Llegado el momento, detuvimos la marcha del Raquero. Todos llev谩bamos nuestros chalecos salvavidas, obligatorios por seguridad. Ayud茅 a la ni帽a a saltar al agua. Mientras el barco segu铆a su rumbo lento, empec茅 a o铆r risas a mis espaldas. Primero el padre, luego otros alumnos. Me gir茅 extra帽ado y la escena que vi fue sencillamente inolvidable.
Ah铆 estaba ella, flotando pl谩cidamente en la inmensidad del azul, pero con una postura peculiar: ten铆a los dos brazos y las dos piernas levantados hacia arriba, fuera del agua.
Tard茅 unos segundos en conectar los puntos. Cuando la realidad de la escena me golpe贸, las risas contagiosas tambi茅n me alcanzaron a m铆. Estaba poniendo en pr谩ctica, a rajatabla, el 'protocolo anti-tiburones' que yo mismo le hab铆a inventado el d铆a anterior. La pobre estaba convencida de que as铆 era invisible para los escualos de Moraira.
Dimos la vuelta para recogerla. Al subirla a bordo, ella no entend铆a el motivo de nuestro alboroto. Con toda la paciencia y cari帽o del mundo, le expliqu茅 que no hab铆a peligro real y que no hac铆a falta nadar como una estrella de mar asustada.
Esta an茅cdota me record贸 la maravillosa y absoluta inocencia de los ni帽os. Para ellos, la palabra de su instructor o profesor tiene un valor de ley que llevan hasta el final. Es una responsabilidad bonita y una lecci贸n que nosotros, los adultos, a menudo olvidamos: la confianza ciega y pura que depositan en nosotros. Aquel verano de 2009, en Moraira, una ni帽a me ense帽贸 que mis palabras, incluso las dichas a la ligera para tranquilizar, navegan lejos en su imaginaci贸n.
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